Viernes 09 de Septiembre de 2011 - 02:18 PM

Reporte latinoamericano sobre accidentes cerebrovasculares

Uno de los factores de riesgo de los accidentes cerebrovasculares es la fibrilación auricular, que multiplica por cinco la posibilidad de sufrir este tipo de eventos.

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Tomada de internet/ VANGUARDIA LIBERAL
Reporte latinoamericano sobre accidentes cerebrovasculares
(Foto: Tomada de internet/ VANGUARDIA LIBERAL)

Cada año cerca de 15 millones de personas sufren o padecen un accidente o ataque cerebrovascular. Se prevé que a medida que la población envejezca la prevalencia y muerte que genera este tipo de afecciones se triplicará para 2024 en regiones como Latinoamérica.

Esta fue una de las cifras que se presentó en un reporte elaborado por la Acción para la Prevención del Accidente Cerebrovascular realizado con el patrocinio de Bayer en Ciudad de México. Con el informe se buscan soluciones para disminuir el número de pacientes que llegan hasta un hospital por esta causa, que los pone literalmente en la ‘cuerda floja’.

Uno de los grandes problemas de los ataques cerebrovasculares es que solo un tercio de quienes lo padecen logra reponerse sin problema. Otro tercio sobrevive, pero queda con grandes discapacidades motrices o lingüísticas, mientras que el tercio restante (cerca de 5,7 millones de personas) muere.

Un enemigo peligroso

Aunque existen diversos factores de riesgo que conllevan a los ataques cerebrovasculares, la fibrilación auricular, conocida como FA, es uno de los más importantes. Se trata de un tipo de arritmia que multiplica por cinco la posibilidad de sufrir este tipo de accidentes que comprometen el funcionamiento del cerebro.

Y es que cuando una persona sufre FA, las aurículas de su corazón dejan de contraerse debido a rápidos e irregulares impulsos eléctricos. Esto conlleva a que la sangre se acumule y se formen coágulos que pueden desplazarse a los vasos sanguíneos del cerebro, ocasionando un ataque a este órgano.

Según el informe, las enfermedades cerebrovasculares producidas por la FA son más severas y están asociadas a tasas de mortalidad y discapacidad más altas. De hecho, existe una probabilidad del 50% de que la persona muera en un año tras sufrir esa crisis de salud.

El neurólogo Carlos Cantú, uno de los ponentes del reporte, explica que esto sucede porque el coágulo producido por FA se forma en el corazón y por eso es más grande. Lo que también genera que las personas queden con secuelas más graves luego de su aparición.

“Son pacientes que quedan en cama, que no se pueden mover, algunos no pueden volver a hablar, otros andan en sillas de ruedas. Hay discapacidades muy fuertes como el estado vegetativo, es cuando se cree que sería mejor morir que quedar vivo”, afirmó.

La carga de la enfermedad la asumen los pacientes, que en su mayoría son mayores de 60 años, pero también sus cuidadores y familiares que deben costear las hospitalizaciones, las terapias y la carga emocional de ver a su ser querido en condiciones deplorables y con un 10% de probabilidad de que vuelva a sufrir otro ataque similar.

Los tratamientos

Uno de los factores que incrementa el riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares en pacientes con FA, es que solo un tercio de ellos recibe el tratamiento indicado para evitar que se produzcan coágulos sanguíneos.

El doctor Cantú explica que esto se debe a que muchos médicos no saben cómo utilizar los medicamentos anticoagulantes, los conocidos antagonistas de la vitamina K que bloquean el efecto que tiene esta vitamina para coagular la sangre.

El problema con estos medicamentos es que el cuerpo los recibe pero en un punto exacto. Si se suministra demasiado puede producir hemorragias en los pacientes porque no tienen cómo coagular la sangre, pero si no se da la dosis suficiente se generan los coágulos que pueden terminar en infartos cerebrales.

Uno de los avances que presentó el reporte son los nuevos tipos de anticoagulantes que no necesitan de esta regulación. Sin embargo, como todo producto nuevo, su costo puede exceder los 160 dólares ($286.000), un monto que los pacientes deben asumir cada mes cuando se termina la dosis.

Esto sin contar los medicamentos que debe tomar el paciente para controlar el ritmo del corazón, porque los anticoagulantes solo sirven para evitar que se formen los coágulos, lo que incrementa los costos para estos pacientes y sus familias.

Si se puede prevenir

Aunque muchos creen que todos los ataques al corazón se producen de forma súbita y que no se pueden prevenir, para Cantú en este caso juegan un papel importante el diagnóstico temprano, el conocimiento de la enfermedad y los hábitos de vida saludables.

El primer paso para detectar la fibrilación auricular y disminuir los riesgos de un infarto cerebral, es conocer el pulso, que en condiciones normales debe estar entre 60 y 100 pulsaciones por minuto. Si se excede de 120, o es menor de 40, lo recomendable es visitar al médico.

Después de este proceso lo indicado - sostiene Cantú- es realizar un electrocardiograma para ver si el funcionamiento del corazón es normal. Si no se detecta ninguna anormalidad pero persisten las dudas, el cardiólogo puede recomendar el uso de un Holter, una prueba diagnóstica que monitorea de forma ambulatoria los latidos del corazón por un tiempo prolongado.

Sin embargo, lo ideal para el especialista es que cada día menos personas lleguen a su vida adulta con fibrilación auricular, una enfermedad que reduce su incidencia si se evita el cigarrillo, el consumo de bebidas alcohólicas, si se lleva una dieta baja en grasas y azúcares, y se ejercita el cuerpo con frecuencia.

“Antes no teníamos tantos hipertensos ni diabéticos, eso de alguna manera promueve que vengan este tipo de trastornos. El corazón solo con la edad se puede degenerar, pero si le agregas la presión alta, la diabetes, se echa a perder más fácilmente”, afirmó.

Una tarea para todos

Una de las recomendaciones que hace el reporte va dirigida a los Gobiernos de toda la región para que realicen acciones de detección temprana para controlar la FA y así disminuir el costo tanto en vidas como económico que generan los accidentes cerebrovasculares, antes de que se convierta en un problema de salud pública.

De igual forma, se hace un llamado a los pacientes que tienen la enfermedad y sus cuidadores para que aprendan a conocer la FA y sus riesgos. Además, para que se informen sobre los tratamientos a los cuales pueden acceder y las guías sobre su manejo las cuales pueden adquirir a través de sus médicos.

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Publicada por: COLPRENSA
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